Consulta en 2014, ¿sí o no?

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Desde la Vía por la independencia del último 11 de septiembre, Diada catalana, las relaciones entre el gobierno español y el catalán son un auténtico polvorín, lleno de cruces de declaraciones y de amenazas más o menos fuertes. A día de hoy las intenciones de unos y otros son tan distintas que se antoja muy difícil una solución a corto plazo.

El gobierno de la Generalitat de Cataluña ha visto el camino libre para plantear una consulta en 2014 después de la multitudinaria vía humana que pedía la independencia. Tiene el apoyo suficiente en el parlamento catalán para sacar adelante la iniciativa, y cree que ha llegado el momento de que el pueblo se manifieste en esta ocasión en las urnas para decidir su futuro más inmediato.

Mientras tanto, el gobierno de Rajoy, que hasta hace poco veía el asunto como una quimera de unos pocos independentistas que se entretenían con sus aspiraciones secesionistas, se empieza a dar cuenta de que el problema es más serio de lo que pensaba, que cada día más voces apoyan la posibilidad de una consulta, sea cual sea el resultado, y que no hay ningún plan para dar salida a estas reivindicaciones.

Desde el gobierno español se insiste en que la Constitución no contempla la posibilidad de una consulta y que el asunto no es negociable. Algunos socialistas contemplan la posibilidad de cambiar la Carta Magna y solucionar el problema catalán por la vía federalista, una opción que no ha sumado demasiados apoyos.

El desafío está encima de la mesa. El presidente Mas no va a cambiar su idea de consulta porque se lo debe a los ciudadanos que le votaron en las últimas elecciones. Sus socios de ERC van más allá y apoyarían una declaración unilateral de independencia, incluso quedando al margen de la UE. Rajoy mira para otro lado, pero sabe que el asunto se le escapa de las manos. ¿Qué pasará?

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