De nacionalidad: Robado

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Este artículo está dedicado, con todo mi cariño, a aquellos ladrones extraordinarios, que un día, gracias a su desmesurada codicia, amistades incondicionales, y compromiso pertinaz con su vocación de mangantes, han logrado adueñarse y apoderarse de un país y de todo lo que éste representa.

¿Qué es España? Geográficamente, además de los territorios no peninsulares a excepción del municipio de Llivia; las islas Canarias, Chafarinas, Alhucemas, de Alborán; el archipiélago Balear; Ceuta, Melilla y el peñón de Vélez de la Gomera: el espacio limitado al oeste por Portugal y el océano Atlántico; al este por el mar Mediterráneo; al sur también por el mar Mediterráneo, océano Atlántico y el estrecho de Gibraltar; al norte por el mar Cantábrico, los Pirineos y el golfo de Vizcaya.

Es precisamente, de golfos, de lo que vengo a hablar. No los que están rodeados de afluencias de agua, sino de influencias de amigos. No los que atesoran recursos naturales, sino los que roban los recursos del obrero.

Porque España, ya sólo tiene una connotación geográfica. La ausencia de democracia, ni siquiera aparente, ha transformado el país en un cortijo de señoritos y, automáticamente en apátridas, a más de cuarenta y siete millones de habitantes.

No existe una idea política de España real, como conjunto de personas que viven de acuerdo a un Sistema. Existe su historia y su intrahistoria, la memoria, su pasado, su geografía.

Unos legislan y otros obedecen. Unos juzgan y otros obedecen. Los mismos mandan y los mismos, obedecen. No son distintos. Y los que legislan, juzgan (a veces indultan), y mandan, son, a su vez, sometidos por otros.

En el momento en que un puñado de personas se reúnen para controlar los tres poderes y utilizarlos a su antojo y conveniencia, se rompe la idea política de España.

Existe el idílico, artificial, plástico, fantástico, concepto de España como nación democrática, integrada en Europa y en el mundo. Pero no es real, es sólo ilusorio. Y no es real, porque nos robaron la Patria, y la Nación, y la idea de España, los que viven a sus expensas, y se nutren de los beneficios de la “marca España”, mientras empobrecen a la mayoría de la población para poder satisfacer sus ansias (igualmente imaginarias) de progreso.

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Nos robaron el país, y les salió barato hacerlo, porque, además, no han cometido delito penal alguno. Delincuencia low cost

No les bastaba explotar y expoliar al Tercer Mundo, sus recursos naturales y su mano de obra -barata o esclava-. Tuvieron que engendrar en España (Propiedad intelectual del BCE y la Troika bajo la supervisión de Rajoy y sus amigos) unas condiciones de precariedad laboral y social cada vez más parecidas, a las que ya crearon en el llamado Tercer Mundo.

Como no les cabían las riquezas en sus abultados bolsillos, y para que no fuera tan evidente el saqueo al ciudadano, abrieron cuentas en paraísos fiscales donde su botín estaba exento de miradas curiosas (también fiscales), a buen recaudo. Pero no una, ni dos. Hasta decenas de ellas.

Mientras los pocos ricos en (¿nuestro?) país eran cada vez más ricos, el ciudadano corriente cada vez era más pobre. Su trabajo -si tenía- cada vez más precario -ellos dicen “flexible”-, incluso sus hijos, comenzaron a compartir el hambre de sus padres, cuya ocupación laboral, a pesar de generar amplios beneficios a unos pocos, era incapaz de satisfacer sus necesidades básicas.

Los bancos “extranjeros” que manipularon los tipos del libor y euribor, animaron a los bancos y cajas de ahorros nacionales a engordar fraudulentamente las hipotecas y quedarse con las casas que siempre fueron suyas, o crear productos tan tóxicos como las preferentes (nadie a ido a dar con sus huesos corruptos a la cárcel, o sólo de visita). Tenían que recibir ingentes cantidades de dinero público, para no caer en bancarrota, arrastrando así a los ciudadanos que ya lo estaban por su pésima y vergonzosa gestión. Un apretón de manos, y ya estaban en el equipo de los del guante blanco. Oficialmente.

Delinquir, si se delinquen millones, es fácil, barato, y, además, genera beneficios. Alguna vez existen consecuencias legales, pero devolviendo una cantidad nimia en comparación con el montante robado, es posible continuar delinquiendo. Incluso sin devolver un céntimo. Es probable que te señalen como cabeza de Turco. Así y todo, sigue mereciendo la pena, desde una perspectiva puramente materialista.

Pero no supieron o no quisieron detenerse a tiempo. Ahora nos han robado el País. De un modo sibilino e imperceptible. Son ellos, los Rosell, los Blesa, Urdangarín, consortes y compañía, los que ostentan en la vitrina de alguno de sus lujosos palacios, el trofeo de color rojigualda. Aunque algunos afirmen que no saben o no recuerdan.

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Está claro, la profesión de mayor éxito en España es la de delincuente de guante blanco, a tenor de los hechos. ¿Cuántos grandes mangantes (que no magnates, o también) han devuelto lo robado? ¿Cuántos lacayos de los ciento veintisiete políticos imputados a día de hoy van a dimitir?

Dimitir, bonito y desconcertante verbo. El que lo conjuga en primera persona siempre se jacta de que no está obligado, que lo hace por voluntad propia y en favor de otros, aun en detrimento de sí mismo. Defendiendo su integridad e inocencia. Entran ganas de aplaudir emocionado ante tal derroche de honestidad y de ejemplar coherencia. Y por supuesto, dimiten, pero como son inocentes, no renuncian a su jubilación a la española.

Nos han robado el País. Y si no se lo cree, cuando hablen de España, pregúntese si usted forma parte de ella, o es uno de los millones de apátridas exiliados, sin voz, con un voto podrido. Pregúntese qué significa “ser” Español, y qué significa “España”.

España ya es una Empresa más, una marca, un gran supermercado. Quizá, sin saberlo, hace tiempo usted ha sido excluido de la plantilla, si es que alguna vez formó parte de ella.

Ya no se trata de “sentirse” español o no. Sino de “ser”. Si no entra usted en nómina, no forma parte de la Empresa:

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Cuando hablen de España fíjese en las connotaciones macroeconómicas, en el grupo de futbolistas que regresaron por la puerta de atrás, quizá abatidos, pero igualmente millonarios. Advierta que en ningún caso, la “españolidad” es un concepto aceptado universalmente, o un concepto si me apura, verosímil. Español es, según los dueños o supervisores actuales del país: quien disfruta con los toros, permanece en silencio en su casa, sin levantar la voz, sin quejarse, mudo ante la opresión y la cara dura, la delincuencia institucional e institucionalizada. Mudos en el exilio desconocido.

Pero no sólo le arrebatan la nacionalidad a los vivos, también a los muertos. A los que prefirieron morir con una poesía en sus labios y una lágrima en sus ojos. Los que lucharon por una democracia que quizá nunca haya existido más que en la imaginación de algunos o acaso de muchos. Los que fueron muertos en una cuneta, o frente a un pelotón de fusilamiento, por defender la libertad y los derechos de los hijos de sus hijos. Ellos tampoco son españoles. Porque España, ya no es lo que fue ni lo que quiso ser. Ahora sólo es una marca, un gran supermercado. Un exportador e importador de pobreza, miseria y esclavitud. De la que se benefician ampliamente sus dueños.

Son tan buenos delincuentes que hasta roban con carácter retroactivo.

Qué gran hazaña, robar un país, señores. Y casi sin hacer ruido, ni levantar sospecha. Yo soy… yo soy… yo soy… ¿español? De nacionalidad: Robado.

 

Sobre Israel Gajete Domínguez 49 Artículos
Israel se considera aprendiz de todo y maestro de nada. En el crisol de su juventud confluyeron y confluyen innumerables experiencias vitales, que le sirven para construir, poco a poco, el escritor profesional en que pretende convertirse algún día -vivir del “cuento”-. Ha publicado en diversos medios y soportes, colaborado en varios proyectos literarios, y resultado ganador en certámenes literarios de variado ámbito y género. También ha vendido libros que ha escrito junto a sus amigos a pie de calle. Mago, camarero, monitor de ajedrez, mecánico, documentalista, mozo de almacén, cuentacuentos... su recorrido laboral es breve pero intenso. Escribe poesía y narrativa breve, aunque también artículos sociales o de actualidad. Inconformista por naturaleza y buscador incansable de la verdad.

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