La orilla de los sueños rotos

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Quince personas han muerto en la playa de El Tarajal, en un intento de cruzar la frontera que separa Marruecos de Ceuta, el pasado jueves. Se reabre la polémica. La actuación de la Guardia Civil es la extensión del pensamiento europeo respecto a los derechos humanos en general y la inmigración en particular. El caso sucedido en Bélgica, donde trescientos veintitrés españoles son expulsados del país nos conmueve, pero en nuestras fronteras sucede la misma realidad, mucho más escabrosa. La frontera, el maquiavélico constructo que sólo proyecta sombras de odio, división y muerte.

Las costas españolas se han convertido en un mar de sueños rotos, una fosa común de aquellos a los que expoliamos desde el norte, a los que secuestran y rifan su futuro y lo persiguen porque eso, el futuro, como una alegoría de la esperanza, es lo último que se pierde. Y el futuro, la esperanza, se dibuja allende el mar, en el horizonte espeso que nos separa. Oportunistas y mafiosos les conducen hasta Europa, y muchos mueren en el intento. Muchos, demasiados, intentando recuperar su futuro, su esperanza, su misma existencia, si me apuran.

Oscuros intereses aquí y allá silencian sus muertes, hasta que el olor a cadáver irrumpe en nuestras cómodas vidas -sí, cómodas, pues nuestros niños aún no huyen de la metralla, huérfanos, a merced de la locura de la guerra- y, ¿nos interpela?

Si el inmigrante que llega a España lo hace con un balón debajo del brazo o con un bebé malherido, lo juzgamos de manera diferente. El primero puede circular a doscientos cuarenta km/h por nuestras carreteras con su flamante Lamborghini. El segundo recibirá balas de goma y gases lacrimógenos incluso cuando se está ahogando a escasos metros de nuestros pies. El primero vivirá en mansiones de lujo intentando evadir el máximo posible de impuestos, en loor de multitudes. El segundo, si sobrevive a los embates del mar y la insolidaridad, tal vez resida en apenas veinte metros cuadrados intentando respirar sin que le cobren impuestos por ello, resultándonos completamente indiferente, o lo que es peor; ultrajado y humillado por la ignorancia de quienes siendo los esclavos, creen ser los dueños del País. Y tal vez acabe en alguno de los Centros de Internamiento de Inmigrantes, que nos recuerdan a los campos de concentración nazis. Nada que ver con el Santiago Bernabéu.

Quince sueños rotos, quince cadáveres, quince personas muertas. ¿Nos resulta indiferente? ¿Qué haría usted en medio de una guerra sin hogar ni futuro?¿Qué haría usted si el estómago de su hijo repicara las horas del hambre? ¿Y si no tuviera un balón debajo del brazo?

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Sobre Israel Gajete Domínguez 49 Artículos
Israel se considera aprendiz de todo y maestro de nada. En el crisol de su juventud confluyeron y confluyen innumerables experiencias vitales, que le sirven para construir, poco a poco, el escritor profesional en que pretende convertirse algún día -vivir del “cuento”-. Ha publicado en diversos medios y soportes, colaborado en varios proyectos literarios, y resultado ganador en certámenes literarios de variado ámbito y género. También ha vendido libros que ha escrito junto a sus amigos a pie de calle. Mago, camarero, monitor de ajedrez, mecánico, documentalista, mozo de almacén, cuentacuentos... su recorrido laboral es breve pero intenso. Escribe poesía y narrativa breve, aunque también artículos sociales o de actualidad. Inconformista por naturaleza y buscador incansable de la verdad.

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