La victoria de los verdugos

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Queridos Verdugos, hoy tengo 4.074.363 motivos para reflexionar. A pesar de lo que digan, en España ha pasado mucho y ha pasado poco. España, feudo de la Troika y el BCE, legitima en las elecciones europeas del 2014 el gobierno del PP. Y es que el que calla, por mucho que pretenda decir, otorga. El que calla, calla, y no dice más que su silencio.

Eso dicen las urnas, que a pesar de convertirse en un instrumento al servicio de la dictadura del capital, sigue siendo un altavoz que representa la opinión y el deseo de todos. De todos los que se dignan a utilizarlo, gracias a los muchos que murieron para que los hijos de sus hijos tuvieran derecho a voto.

Y es que, a pesar de los pesares, los no-votos no cuentan ni contarán jamás, porque siempre existen y existirán personas incapaces de entender la realidad que nos rodea, ahora que nos consume, o acaso gozan del amparo, protección y quizá inmunidad de quienes gobiernan. De un gobierno de minorías, un gobierno de Ricos y Ladrones, que roban al pobre, sea español o nicaragüense. Ellos sí votan, y votan siempre, a quienes representan y defienden sus intereses y sus inmensas fortunas en las que en cada moneda, como una pátina invisible, permanece adherida la sangre y el sudor de la clase obrera.

En este País sólo existe y gobierna la derecha, la derecha de siempre, la que se postula a favor del poderoso, la derecha que cercena libertades, que genera desigualdad y empobrece, la derecha fascista, con su dios anticristiano, gran justificador y alivio de su conciencia inmoral (que nada tiene que ver con el Dios en el que creen los pobres). La aliquisfobia de la derecha, que desprecia al débil y al último, racista, incitadora del odio contra el inmigrante, cruel, aparatosamente inhumana. La que devoró al socialismo, y creó con su cadáver un lobo disfrazado de defensor del pueblo.

En el fondo, lo único que subyace en la derecha es el propio egoísmo y la insolidaridad del hombre desde el principio de los tiempos. La ley animal, ley del más fuerte, el deseo de prosperidad a costa de la esclavitud y del exterminio, el afán de poder y de tener, de dominar el mundo y la persona. La derecha representa un ideal donde un puñado de hombres juegan a ser dioses en su particular Olimpo mientras más de media humanidad muere enferma, en guerras, de hambre y sed. Hecho que nunca se reconoce en su verdadera dimensión y que aparentemente se combate, pero que, mientras siga siendo necesario para mantener su divino deseo de tener el mundo a sus pies, será una realidad permanente. El hambre, la guerra y la esclavitud son la misma plaga, de ayer y de hoy. Una plaga impuesta, necesaria, estudiada, para sustento de la derecha que gobierna el mundo con su espantosa creación que nos hace sentir en ocasiones, no víctimas sino beneficiarios del poder: El capitalismo. El capitalismo engendra minorías de riquezas extremas. Y la riqueza extrema es causa y consecuencia de mayorías de pobrezas extremas.

La izquierda permanece diluida y confrontada en multitud de grupos con sensibilidades diferentes cuando no opuestas, ya que se habla incluso de izquierdas oficiales y oficiosas, pero ¿quién defiende al obrero? Al obrero no lo defiende, sino el propio obrero. Izquierda no es, ni puede ser, un partido subvencionado, comprado por la derecha. Ni diez, ni cien. Ni juntos ni revueltos. Y por supuesto, la izquierda no es la derecha con una pegatina roja en una chaqueta raída. La izquierda no viaja en coches oficiales, ni es espejo de conveniencia, ni discurso grandilocuente y vacío de compromiso real. La izquierda es el pobre, el parado, el trabajador explotado, que entiende su situación y lucha por los derechos que les arrebatan, que entiende sus deberes y respeta al que piensa diferente, pero no calla ante el que defiende un pensamiento que explota y denigra, que esclaviza y mata. La izquierda es la reacción natural ante el deseo y la práctica de la dominación por parte del que se cree dueño del mundo. No es la violencia gratuita y rebelde sin causa contra un Sistema ideal y perfecto. Esta paranoia y visión deformada de la “izquierda” sólo puede ser producto de la megalomanía más extrema o del abuso de ciertas sustancias estupefacientes.

Con una derecha afianzada en el poder a nivel mundial, y una izquierda dividida y enfrentada, a pesar de la introducción de nuevos partidos (su análisis no cabe en este artículo), era inevitable que se produjera esta catástrofe electoral. Hoy España legitima de nuevo el gobierno de la derecha, con más o menos votos que en ocasiones anteriores, pero lo hace. A pesar de que más de la mitad de su población en edad de votar no haya querido dar a conocer su voz. No les llamo culpables, no es mi deseo enfrentar de nuevo a los que creo que en el fondo somos las víctimas del mismo verdugo, a pesar de nuestras diferencias de pensamiento. Culpables, y a ellos sí les señalo sin rubor, son aquellos que votan al pirómano cuando España arde. Arde de rabia e indignación, en una situación insoportable de precariedad, explotación y miseria. Mientras, en la otra línea, viven a todo tren inmunes a la justicia, aquellos que nos gobiernan y sus amigos. Ellos son la causa de nuestros problemas, los verdugos del mañana de nuestros hijos, de la libertad, de la prosperidad, de la convivencia pacífica.

Al padre de familia que no le queda nada, o al que quizá esté atrapado en una deuda fraudulenta con entidades financieras que ¡le están robando! (la alteración fraudulenta de los tipos del Euribor y Libor es un secreto a voces, por no referenciar otros elementos como la variación errática en las tasaciones de propiedades o bienes, a conveniencia del prestamista y usurero), díganle ustedes, 4.074.363 votantes del PP, qué debe hacer si no le escucha nadie. ¿Suicidarse en algún sitio lejano para no molestarles con el ruido de sus lamentos? ¿Quizá alguno de ustedes quiera rebanarle la cabeza en un tocón? Adelante, terminen con lo que comenzaron sus amigos. ¿Quién incita al odio y la violencia? ¿Quién es el violento? Por supuesto, no defiendo la violencia. Ninguna, ni mucho menos, la que ejerce el PP, brazo nacional de la derecha fascista que gobierna el mundo.

Existen partidos pequeños, en los que personas honradas se han dejado la piel y el dinero de su bolsillo en hacer llegar sus ideas y su propuesta como candidatas al parlamento europeo. Quizá sí se pueda cambiar nuestro horizonte y el rumbo de la nave en la que nos guste o no, viajamos todos mientras nuestros compañeros caen por la borda, deliberadamente o empujados por sus verdugos. Se puede cambiar, se debe cambiar el rumbo. Hay que insistir, asociarse, protagonizar nuestra propia vida, luchar para reclamar los derechos que nos han robado. Quizá si se pueda cambiar el sistema desde dentro, y desde fuera también:

La lucha de la India y de organizaciones como Ekta Parishad, nos demuestran que siguen existiendo ejemplos en la historia en los que de manera pacífica se puede vencer la esclavitud a la que nos somete el poderoso y el capitalismo salvaje.

Muchos piensan que las alternativas pacíficas se han agotado, y no es así. Asociémonos todos, porque todos somos víctimas de los mismos verdugos. Y una y otra vez, de manera ordenada y pacífica, gritemos que no queremos ser esclavos de un sistema explotador. Queremos una vivienda digna, un trabajo digno, y ser los dueños de los medios de producción. Queremos que todo aquel que robe al pobre para mantener seis cuentas en Suiza, o una en Guatemala, sea encerrado en la cárcel. Queremos que la delincuencia estatal sea combatida; anhelamos un País donde la Justicia sea Justa, y todo esto no es producto de un idealismo fantasioso e ingénuo, es la propuesta de un modelo natural de convivencia pacífica. Donde lo justo es justo y lo injusto es injusto y no hay más. Donde el ladrón es un ladrón y el corrupto es un corrupto y no hay más. Donde no existan motivos por los que un padre de familia tenga que dejarse caer por un balcón, ahogado por una deuda criminal, empujado por la desesperanza y el agotamiento síquico.

Esto no es demagogia. Sólo exijo a título personal, poder vivir y ser protagonista de mi vida, consciente de mis deberes, pero disfrutando los derechos que defendió mi padre, y quizá los padres y abuelos de usted. ¿Por qué no lo exigimos, por qué no lo exiges tú? ¿Acaso te gusta tu vida de esclavo?

La victoria de los verdugos es evidente ¿Quién y por qué ha votado a la derecha? ¿Es que acaso somos minoría? ¿Por qué siguen representándonos? ¿Qué alternativas existen? ¿Tenemos que resignarnos a ser mercancía barata, a la servidumbre? La respuesta debe ser asociada, reflexionada, conjunta. Somos muchas voces, expresémonos en una dirección, por una vez, sin aferrarnos a verdades universales y excluyentes. Escuchemos, que falta nos hace.

¿Qué podemos hacer para que la derecha en nuestro País deje de “gobernar”? Quizá en las próximas elecciones encontremos una respuesta. Las urnas están ahí, los resultados cuentan. De otra manera no se irán, porque viven incrustados en la poltrona, porque ahí están muy bien, porque no conocen el día a día del parado, el deshauciado, los dependientes, los afectados por la estafa de las preferentes, o de las hipotecas. Son presa de las estadísticas engañosas, de las cifras macroeconómicas que manipulan, son también las primeras víctimas de sus mentiras. Creen en sus argumentos estrafalarios, gobiernan convencidos del rumbo acertado, de la buena dirección.

No me llamen demagogo, ni mucho menos burgués; tengo dos hermanos discapacitados, estoy en paro, me he pagado mis estudios limpiando váteres y poniendo copas, en condiciones muchas veces, la mayoría, indignas y precarias. Me casé con una inmigrante irregular, viví en mis propias carnes el odio al extranjero, la tonto-burro-cracia que vuelve loco al último, al débil, al diferente. Quisieron cobrarme los gastos del nacimiento de mi hijo por la única razón de que su madre no tenía regularizada su situación. Me he subido a un andamio, he trabajado más de 17 horas seguidas. Sé muy bien lo que es la precariedad, sé identificar un contrato temporal encubierto, indefinido y con un año de prueba. No me tomen por un idiota. Tampoco soy un demagogo. Soy un obrero explotado, ahora, en paro, y creo tener conciencia de clase. Víctima de usted, votante del PP, verdugo del mañana de mi hijo de dos años, al que le han denegado una beca en la guardería pública, mientras una de las hijas de Lucía Figar, consejera de Sanidad, con un salario escandaloso, come con el dinero de mis impuestos en su guardería privada. Por supuesto, la criatura no tiene culpa alguna, el Sistema que ustedes defienden sí. Porque es un Sistema perverso y corrupto.

Perdónenme, pero ya no me quedan palabras amables. Son ustedes unos canallas sin conciencia, sin moral, sin principios. Cínicos e hipócritas. No puedo tratarlos como iguales porque no son humanos. Ya no son humanos, sino entes al servicio de un Sistema de muerte. Ustedes y sus amigos y de paso, sus 4.074.363 votantes.

Enhorabuena por su victoria, queridos verdugos.

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Sobre Israel Gajete Domínguez 49 Artículos
Israel se considera aprendiz de todo y maestro de nada. En el crisol de su juventud confluyeron y confluyen innumerables experiencias vitales, que le sirven para construir, poco a poco, el escritor profesional en que pretende convertirse algún día -vivir del “cuento”-. Ha publicado en diversos medios y soportes, colaborado en varios proyectos literarios, y resultado ganador en certámenes literarios de variado ámbito y género. También ha vendido libros que ha escrito junto a sus amigos a pie de calle. Mago, camarero, monitor de ajedrez, mecánico, documentalista, mozo de almacén, cuentacuentos... su recorrido laboral es breve pero intenso. Escribe poesía y narrativa breve, aunque también artículos sociales o de actualidad. Inconformista por naturaleza y buscador incansable de la verdad.

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