“Madrid 2020” Una odisea interminable, que patrocina: Usted

tres.24.madridolímpico.

La ciudad de Madrid ha presentado su candidatura a los Juegos Olímpicos en cuatro ocasiones (1.972, 2.012, 2.016 y 2.020). En esta última, el fracaso del breve postulantado de la ciudad de Madrid, presenta unas facturas muy altas, cuyo coste va a asumirlo usted, si es residente de la capital de España.

Es posible que la política de recorte social urdida en los despachos de la Moncloa, que ha dejado a moribundos en pasillos de hospitales, a niños de familias necesitadas sin becas de guardería, a parados sin posibilidad de incorporarse a un trabajo digno, sin ninguna alternativa (o precariedad, o la fría acera), tenga algo que ver con la obligación de pagar la multimillonaria deuda que asume Madrid.

Es muy probable que la política social del Ejecutivo, que ha paralizado ayudas a la dependencia, arruinado a autónomos y miles de pequeños empresarios, originado interminables colas en los centros de Cruz Roja, Bancos de Alimentos, o en los cientos de establecimientos en los que ciudadanos anónimos distribuyen solidariamente alimentos básicos, tengan mucho que ver con el cobro de los 6.536 millones de euros que ha costado la última candidatura.

Es imperativamente cierto que el empobrecimiento drástico de las familias medias en España, la pobreza energética, la pobreza infantil, los desahucios, la delincuencia sistemática y planificada de la Banca -que no ha devuelto ni devolverá un solo Euro del “Rescate” financiero-, se debe, entre otros motivos, a la necesidad de recuperar la ingente millonada que se invirtió tratando de coronar la capital de España con los Laureles Olímpicos, cuya ostentosa aspiración ha provocado que la ciudad Madrileña se corone con la deuda de mayor envergadura entre las ciudades españolas que ostentan números rojos: 7.500 millones de euros.

7.500 euros que pagará deportivamente usted, si es que por azar o por obligación reside en esta Ciudad.

Durante años, políticos como Gallardón, Esperanza Aguirre o damas elegidas a dedo como la esposa de Aznar (de urna vacía), dedicaron un enorme esfuerzo y una ingente cantidad de dinero público en generar infraestructuras, construir instalaciones deportivas, o representar la candidatura; si a este gasto le añadimos la aportación regional, el “cheque olímpico” asciende a la cantidad anteriormente citada de 6.536 millones de euros.

Juzgue usted si en un trimestre tan aciago para la economía (micro y macro) y en plena “crisis”, es una estrategia viable apostar en el casino del COI, un dinero proveniente de los ciudadanos al que se añade un capital milmillonario ni siquiera disponible en ese momento.

A esta gestión, llamémosla polémica (juzgue usted mismo el calificativo que requiere), hay que añadir el antidemocrático sistema de adjudicaciones a dedo (sirva de ejemplo la construcción de un teatro infantil cifrado en 247.501 euros), sin concurso público y por “procedimiento simplificado” de algunas de las instalaciones; las posibles comisiones en negro y los probables sobres llenos de dinero público que han podido terminar, perdonen si es atrevida mi suposición, en paraísos fiscales como Suiza, sumando unos ceros de más en la cuenta de algún ávido oportunista.

Es por ello por lo que el saneamiento de las cuentas se realiza a través del pago del ciudadano, al que quizá se le arranquen hasta los bolsillos rotos y descosidos, dado que no hay otro pagador que quiera hacerse cargo, aun siendo responsable, de este pródigo derroche. (¿La banca de nuevo, sus acreedores políticos, los constructores, quizá?)

El endeudamiento de la economía del ciudadano medio, provocado por estrategias económicas fracasadas como la de la cuarta y última candidatura olímpica, ¿ha sido un mal necesario?

¿Es usted Madrileño? Pues pague, aunque no tenga un euro. Paguen sus hijos, si tiene.

Desde aquí agradezco los esfuerzos de todos los políticos y responsables de este monumental derroche. No se preocupen, nos queda el consuelo de los carnavales, vayan a Sol y engalanen el madroño con los óbolos olímpicos, vistan al oso de gala con aquel traje de tijera rusa y reminiscencias flamencas. El chándal, aunque roído, ya lo lucen muchos ciudadanos, atletas de su precaria economía, no solo en carnaval. Ciudadanos víctimas de su magnánima dadivosidad, cuya paciencia interminable (aunque no suficiente) sí que merece una áurea medalla.

Fuente y referencia: Artículo “¿Qué nos ha costado Madrid 2012?” Revista “Autogestión” Número 101.

Imagen 2 propiedad de Abc.es.

 

 

 

Sobre Israel Gajete Domínguez 49 Artículos
Israel se considera aprendiz de todo y maestro de nada. En el crisol de su juventud confluyeron y confluyen innumerables experiencias vitales, que le sirven para construir, poco a poco, el escritor profesional en que pretende convertirse algún día -vivir del “cuento”-. Ha publicado en diversos medios y soportes, colaborado en varios proyectos literarios, y resultado ganador en certámenes literarios de variado ámbito y género. También ha vendido libros que ha escrito junto a sus amigos a pie de calle. Mago, camarero, monitor de ajedrez, mecánico, documentalista, mozo de almacén, cuentacuentos... su recorrido laboral es breve pero intenso. Escribe poesía y narrativa breve, aunque también artículos sociales o de actualidad. Inconformista por naturaleza y buscador incansable de la verdad.

  1. Hablan de millones de euros como si hablasen de pares de zapatos. Lo que está pasando es inadmisible pero curiosamente no nos quejamos demasiado. ¿Hay necesidad de verdad de hacer semejante tontería? Como se nota que no les duele el dinero, que lo mueven a su antojo y sin pudor. La verdad es que como dije anteriormente, no nos quejamos demasiado, pero esto es un estado que o cambia desde la raíz sea cual sea el partido político, o vamos de cabeza al hoyo.

    • Tienes toda la razón. No les duele (nuestro) el dinero. Esta situación debe cambiar, y cambiará, no lo dudes. Tal vez no seamos espectadores del cambio, pero sí principará nuestro protagonismo. Ojalá las generaciones venideras puedan involucrarse en esta transformación más de lo que lo hemos hecho nosotros.

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