Mare Nostrum 3072

 

La luz de la Navidad profanada deslumbra al primer mundo. Es tiempo de compasión con fecha de caducidad, de empaquetar regalos para que ningún niño se quede sin juguetes. De ingerir azúcares, grasas y alcohol sin límite. Adornos, regalos y buenos deseos.

Mientras, el Mare Nostrum, inmensa fosa común africana, acaricia nuestras costas donde no alcanzan los escrúpulos ni la compasión televisada, a pesar de ser un mar que contiene la esperanza muerta de miles de niños, jóvenes, ancianos, embarazadas; cuyo futuro más cercano acaso sea el hedor insoportable de un camión de basura, o si su camino culmina en tierra de alambre y concertinas, apaleamiento y gas.

Hoy quisiera recordarte a tí, preciosa niña guineana aferrada a su muñeco de trapo, navegante inocente, que enjugas tus lágrimas huérfanas de padres y de solidaridad. Dónde acabarán tus pasos de manera prematura, ¿Dónde?

Quisiera recordarte a tí, joven proveniente de Burkina Faso, que huyes de la guerra y la miseria, de la esclavitud y el hambre, persiguiendo tu fortuna, la de tu País, que nosotros, primer mundo, saqueamos. No porque sea Navidad, sino porque en estas fechas nuestra hipocresía y cinismo se hace más evidente.

Hoy más que nunca, te dedico mi recuerdo, madre negra que en su seno alberga la única luz verdadera, que acabará alumbrando la oscuridad del océano junto a otras decenas de miles.

Porque hoy, como todos los días, una barca se hundirá en el fondo del mar junto con los sueños y esperanzas de decenas de personas. Centenares, miles de personas que sólo huyen del hambre, de la guerra, el crimen organizado, el terrorismo de estado; se encontrarán con altísimas vallas de alambre y cuchillas, y se enfrentarán con el miedo y la ignorancia que acaso van de la mano.

3072 son los muertos contabilizados el año 2014 en el mar mediterráneo, muchos de ellos en el estrecho de Algeciras. ¿Cuántas luces arderán en el mar que no han sido contabilizadas? ¿Cuántas personas han muerto, mueren y van a morir y a quién le importa?

No es el ébola la gran tragedia africana, sino la insolidaridad.

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Y a ustedes, políticos de pacotilla, cuando terminen de enredarse en su personal cruzada de los pánfilos, en la berrea del corrupto, de prodigarse en su interminable y aciago “y tú más”, háblennos con sinceridad, digan que tienen miedo. Que no tienen escrúpulos, pero que tienen mucho miedo. Miedo a la libertad, a la vida, a la dignidad humana. Porque la libertad y la dignidad de todos son una frontera invisible para su patético afán megalomaníaco. La igualdad es el lastre que les impide acaparar poder y dineros, derramarse en vidas de crecientes fortunas, al amparo de magnates e hijos de la gran puta. Crecientes poderes y fortunas y decrecientes conciencias y corazones.

Digan alto y claro, que toda gran fortuna no puede sustentarse sino en la esclavitud y el expolio. Dígaselo a Amancio Ortega y (sus) miles de niños esclavos. Dígaselo a los empresarios nacionales, que levantan poderosos imperios a costa del trabajo denigrante y precario de los propios españoles, mientras hablan de “crisis”.

Pero hoy, más que nunca, quiero recordarte a tí, inmigrante muerto, también a Baltasar, atrapado en la frontera, como símbolo de la lucha eterna del pobre por recuperar su dignidad arrebatada. No a tí, farsante de cara tintada. A tí, Rey de reyes, hombre y mujer al que se le impide el paso, al que nadie rescata, mientras todo un País, envuelto en una luminaria decadente, celebra el triunfo del dios dinero, y lo adoran, y lo ensalzan, y lo admiran. Y cómo reluce el oro del moro.

No, no quiero ni puedo felicitar una Navidad que como cada año, representa una tragedia que no acaba.

No me deslumbra el oro del moro, sino tu vida rota y desgarrada.

Tu tragedia y la mía, hermano inmigrante.

¡Dejad pasar a Baltasar!

Sobre Israel Gajete Domínguez 49 Artículos
Israel se considera aprendiz de todo y maestro de nada. En el crisol de su juventud confluyeron y confluyen innumerables experiencias vitales, que le sirven para construir, poco a poco, el escritor profesional en que pretende convertirse algún día -vivir del “cuento”-. Ha publicado en diversos medios y soportes, colaborado en varios proyectos literarios, y resultado ganador en certámenes literarios de variado ámbito y género. También ha vendido libros que ha escrito junto a sus amigos a pie de calle. Mago, camarero, monitor de ajedrez, mecánico, documentalista, mozo de almacén, cuentacuentos... su recorrido laboral es breve pero intenso. Escribe poesía y narrativa breve, aunque también artículos sociales o de actualidad. Inconformista por naturaleza y buscador incansable de la verdad.

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