Minifalda: la gran transgresora sexual de África

Minifalda: prohibido su uso para evitar tentaciones y/o violaciones

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La cuesta abajo de la minifalda empezó en 2012 en Suazilandia al sur de África. El índice de violaciones era de los más altos del continente y la población se volcó pidiendo que se tomaran medidas para prevenir tales abusos.

El gobierno procedió entonces a prohibir el uso de la minifalda y de los vaqueros de cintura baja, alegando que además de resultar excesivamente sensuales, eran una prendas que se podían quitar con facilidad durante un forcejeo.

Al parecer la culpa de los estupros era de las mujeres que salían a la calle a tentar su suerte, mostrando sus carnes de forma impúdica, por tanto en caso de pescarse “in fraganti” usando minifalda a una dama, ésta podría pasarse seis meses en prisión.

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En cambio la medida no llegó a afectar al tradicional “baile del junco”, durante el transcurso del cual el rey elige entre las bailarinas a su nueva mujer; es de destacar que durante la danza no se usa minifalda, sino un escueto taparrabos con los pechos y las nalgas al aire.

Hoy el presidente de Uganda Yoweri Museveni, ratificó la ley “antipornografía que incluye la prohibición del uso de la minifalda en todo el país .

El proyecto comenzó a germinar allá por 2009 de la mano de un parlamentario rígidamente cristiano protestante, que hoy dijo estar feliz, porque sus colegas llevaron a buen término una ley, ignorando al mundo exterior, aludiendo entre otros al presidente Barak Obama que calificó la medida como “odiosa”.

La minifalda es una de las “víctimas” de esta retrógrada ley, que prohíbe además las fotos de personas de ambos sexos en ropas que puedan excitar sexualmente y por supuesto persigue a los gays.

Uganda es un país profundamente homófobo, donde ya se han producido infinidad de asesinatos por esta causa.

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Dentro de lo lamentable que resulta que se coarten los derechos sexuales de las personas, desde la elección de la orientación hasta la de la vestimenta, la medida fue “blanda”, ya que originariamente preveía la pena de muerte para la reincidencia en el trato sexual entre personas del mismo sexo o si se practicaba con menores de edad o enfermos de Sida.

El presidente que ratificó con su firma esta ley, hace poco declaró ante unas colegialas que para preservarse para el matrimonio, lo mejor era que se pusieran un candado en sus partes íntimas, toda una declaración progresista y de amplios horizontes sexuales.

Lo que preocupa es que evidentemente para muchísimas personas, tanto del tercer mundo como del primero, lo primero que se les ocurre cuando existe un problema y más si este roza siquiera el tema sexual, es prohibir, multar o castigar.

¿Qué le pasó a las idea “reformadora” e “iluminada” de que la mejor herramienta para combatir cualquier mal, era la educación? ¿A dónde va el mundo con medidas como estas? ¿Usted qué opina? ¿Avanzamos o retrocedemos?

 

Sobre Sandra Monteverde Ghuisolfi 14 Artículos
Escritora profesional y periodista vocacional

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