Multimillonario español dimite: El caso Juan Carlos

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Abdicar; extraña palabra. Según la Real Academia de la Lengua Española, dícese de un Rey o Príncipe que cede o renuncia a su Soberanía.

Entendiendo que en un Estado democrático de derecho la soberanía reside en el pueblo, Juan Carlos, que representa a una Monarquía democrática parlamentaria no debería abdicar, sino dimitir.

Como no me gusta la Monarquía, cualesquiera que sea, me niego a llamarle Rey, puesto que considero que no tengo el honor de servir a tan regia persona, ni intelectual, ni moral, ni físicamente. No le rindo pleitesía ni honores, tan sólo el respeto que merece por ser persona.

Que el señor Juan Carlos, que hoy ha dimitido, es multimillonario, no es ninguna novedad. El patrimonio que atesora es de dominio público, aunque de uso y disfrute privado, claro está. Por lo tanto creo que ya ha quedado justificado el título de este artículo.

La inmunidad pactada que ha preservado a duras penas su imagen de amable y campechano monarca cercano al pueblo a través de los benévolos mass media continúa en vigor, mientras éstos alaban sus aptitudes y talante, y se deshacen en elogios, loas y encomios.

Existe un refrán muy castellano, muy español: Dime con quién andas y te diré quién eres. Desde luego, las amistades de Juan Carlos no han sido de lo más ejemplares: dictadores que regalan yates, peligrosos delincuentes internacionales y nacionales, como Mario Conde, o porqué no recordarlo; su mismo reinado es fruto de su íntima amistad con el Generalísimo (título también curioso). No hablemos de sus amigas, conquistas y pretendidas; la mismísima Lady Diana de Gales rechazó su cortejo acusándole de “libidinoso”.

Hoy dimite un multimillonario que con su fortuna (y no me refiero a los yates) podía haber hecho mucho por España.

Si por España se entiende el conjunto de los españoles, la inmensa mayoría perteneciente a la clase trabajadora, o a la clase que aspira a serlo. Si hablamos de la España de Marca, la España de lujo, de superclase, creo que representa muy bien el conjunto de sus intereses. La España de los Blesa y los Urdangarín, de su hija, que no se entera de nada, o no se quiere enterar. La España profunda de los grises que continúan gobernando en la sombra y cara al sol.

No nos engañemos, la cercanía al pueblo no se demuestra en Bostwana, ni con una expresión coloquial lanzada a un micrófono. La preocupación por el pueblo al que muchos aseguran que cedió su soberanía (todavía espero que alguien me explique en qué mando yo), es tan intensa y cercana, que nos deleita todos los años con el mismo discurso trasnochado, las fotos retocadas capaces de unir desde lejos, y sus muchas visitas y tijeretazos. Siempre acompañado de una legión de hombres de negro que, a pesar de velar por su integridad, no pueden evitar que su regio chasis borbonizado acabe mordiendo el polvo de vez en cuando.

El trágico accidente familiar en el que falleciera su hermano, no fue suficiente para que Juan Carlos abandonara su pasión por las armas y la caza. Otra faceta más que humaniza y retrata al personaje histórico, capaz de mostrar su noble dedo anular en un alarde de distinción, e incluso mostrarse sin pudor tal y como Dios lo trajo al mundo. Tan campechano. Hasta en pelotas.

En un intento vano por regenerar una institución que pierde aguas por doquier, nos presentarán al flamante Felipe VI como el salvador de la Patria, casado con una plebeya, inteligente y sagaz, astuto y honrado. Tal vez lo sea, y consecuentemente siga los pasos de su padre, que no dimite por honradez, sino por obediencia a los mismos que le otorgaron la corona. Y es que hay que decirlo, en la España de la desnutrición infantil, el paro y la precariedad, no nos puede representar ningún multimillonario. Yo creo que ningún Rey, si queremos hablar de democracia. Y por supuesto, ningún político cuyo orden de prioridades resuelva favorecer a los favorecidos y desfavorecer a los desfavorecidos.

No pueden representar un País aquellos que roban y ocultan el dinero de su pueblo. Que dimitan, pero antes, que devuelvan lo que robaron. Que dimitir para vivir a cuerpo de Juan Carlos no es dimitir, sino jubilarse a la española.

Hoy una noticia recorre el mundo.

Un multimillonario español ha dimitido.

¿O se ha jubilado a la española?

Sobre Israel Gajete Domínguez 49 Artículos
Israel se considera aprendiz de todo y maestro de nada. En el crisol de su juventud confluyeron y confluyen innumerables experiencias vitales, que le sirven para construir, poco a poco, el escritor profesional en que pretende convertirse algún día -vivir del “cuento”-. Ha publicado en diversos medios y soportes, colaborado en varios proyectos literarios, y resultado ganador en certámenes literarios de variado ámbito y género. También ha vendido libros que ha escrito junto a sus amigos a pie de calle. Mago, camarero, monitor de ajedrez, mecánico, documentalista, mozo de almacén, cuentacuentos... su recorrido laboral es breve pero intenso. Escribe poesía y narrativa breve, aunque también artículos sociales o de actualidad. Inconformista por naturaleza y buscador incansable de la verdad.

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