España, país de ignorantes

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La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de negarse a adquirirlos. (Karl Popper)

No me refiero aquí a la España que duplica la tasa de abandono escolar de la Unión Europea, a la ignorancia de masas, que muy bien podría resultar el caldo de cultivo idóneo para la fructífera carrera y fortuna de gentes sin escrúpulos. No quisiera poner en vísperas de su fallecimiento al mismísimo Botín, como adalid de aquellos que se enriquecen a costa de la miseria ajena, de la ignorancia, o de la indiferencia, que es un mal aún mayor si cabe.

Me refiero a la ignorancia premeditada y sibilina, de aquellos forajidos ibéricos, expertos infames, cuatreros tramposos, astutos bandoleros. Demócratas de pacotilla. De Paco, algunos, muchos, demasiados.

La ignorancia del que sabiendo lo que hace, y por qué lo hace, prefiere pronunciar un sonoro “No sé” o “No me consta”. La ignorancia del que prefiere acusar al que acusa, mantener la cruzada de los pánfilos que, señalándose mutuamente, no hacen sino tirar de la manta (que en realidad es una, aunque cada uno intente moverla para que tape su propia porquería).

En cualquier caso, quiero hablar de la ignorancia de quienes no saben ni quieren rectificar, ni pedir perdón, y ni siquiera llegan al mínimo grado de consciencia cuando abren la caja de caudales y se regalan y derrochan dineros que no les pertenecen.

La ignorancia de los amigos de lo ajeno, de los caraduras, de los pánfilos que se delatan al cruzar acusaciones una y mil veces, sólo es comparable a la ausencia total de escrúpulos y conciencia de su alma negra como el carbón.

Sin embargo, esa misma ignorancia, es la que colma la paciencia de cualquier ciudadano con un mínimo atisbo de inteligencia y de sentido del honor. Y no me refiero a la honorabilidad protocolaria, aunque decrépita y apolillada, del vetusto rey catalán.

Aquí, a pesar de los desmanes inauditos y cómicos que nos han llevado al borde del precipicio y más allá, nadie roba, nadie trinca, nadie despilfarra, nadie es culpable de nada. Ni siquiera aquellos a los que obligan a dimitir, piden disculpas. Dimiten porque “son inocentes”.

Más de ciento veintisiete políticos imputados, se confiesan reiterada y arrogantemente inocentes.

Carlos Fabra, suspende el ingreso a prisión esperando ser indultado (al igual que Julián Muñoz, José María del Nido, José Ortega Cano o Jaume Matas).

A Botín, que le quiten lo bailao. Sobre su figura se podría y debería escribir un monográfico: La crisis para usted; para mí, el botín.

16-marzo-09blog

Pero, ¿quién y qué ignora en España?

Ni el ex-rey (del que nadie conoce la procedencia y legitimidad de su inmensa fortuna), ni su familia, sabían nada de la gran estafa protagonizada, o tramada, o firmada al menos por Urdangarín y la infanta Elena. Parece que hoy ha quedado todo olvidado, y acaso los medios hacen alguna mención amable del moreno del culo del yerno de Juan Carlos, allá en algún rincón acuático donde se viste y se desviste sin advertir la presencia de algún fotógrafo que se interesa más por sus reales posaderas que por sus tejemanejes indecentes. No están de moda.

Ni la cúpula del PSOE, del nuevo y renovado PSOE (¿traerán algún “cambio sobre el cambio” diferente al que propuso González que dejó más de cuatro millones de parados y a casi todos los jubilados en su contra?), ni Chaves, ni Griñán, sabían nada de los ERE en Andalucía.

Nadie en Génova o en la Moncloa, ni Rajoy ni Cospedal, ni los mismísimos valientes que la emprendieron a martillazos contra los discos duros de los ordenadores en sus propios despachos, sabían nada de los misteriosos asuntos de Bárcenas ni de su propia y más que demostrada, aunque no castigada, contabilidad B. Y no hablemos de la ignota trama Gürtel.

Ni CIU, ni su alumno destacado, Artur Mas, ni las decenas de amantes del suelo catalán y promotores de los más tórridos sueños independentistas titulares de cuentas en paraísos fiscales, conocía los asuntos de papá Pujol. Ni siquiera aquellos que durante más de treinta años abrieron sus chequeras y pagaron “comisiones” sin rechistar. El mismísimo Felipe González se asombra, incluso ante la evidencia y confesión del “muy ladrón” Pujol, y duda de su patente y manifiesto delito. Acaso está “encubriendo” algo más. Qué carajo, Felipe. Pujol, solo, sin cómplices ni testigos, qué caramba. Arrastrando pesados fajos a Andorra, a pie y a pleno día, durante decenas de años. No hace falta ser portador de una mente prodigiosa para llegar a una conclusión tan evidente. ¿Y usted, Felipe, tuvo que ver algo en ello, algún dedo acusador impugnará su “honorabilidad” algún día?

Los Mossos no saben ni sabrán qué más ocultaba la familia Pujol, porque no regristró nunca sus dependencias, y permitió que unos y otros trasladaran grandes paquetes y bolsas hacia destinos desconocidos, en los días posteriores a la confesión de Jordi (¿Repletos quizá de billetes o de evidencias de su delito? Nunca lo sabremos).

CC.OO y UGT ignoraban el paradero de los cuatro millones que embolsaron procedentes de los fondos de pensiones que gestionaba BBVA y Telefónica.

(fuente, aquí)

Blesa no sabía nada de las preferentes que ordenó “colocar” a quienes hoy lo han perdido todo, incluso la confianza en la justicia.

El único que hasta ahora se ha confesado culpable, es Pujol. El resto de delincuentes nacionales, timoratos y acobardados, no sabe, no contesta, no es responsable. Y por supuesto nadie devolverá un euro de lo robado. Tampoco Pujol.

Lo dicho, España: Un país de ignorantes. Pero qué listos, che.

Sobre Israel Gajete Domínguez 49 Artículos
Israel se considera aprendiz de todo y maestro de nada. En el crisol de su juventud confluyeron y confluyen innumerables experiencias vitales, que le sirven para construir, poco a poco, el escritor profesional en que pretende convertirse algún día -vivir del “cuento”-. Ha publicado en diversos medios y soportes, colaborado en varios proyectos literarios, y resultado ganador en certámenes literarios de variado ámbito y género. También ha vendido libros que ha escrito junto a sus amigos a pie de calle. Mago, camarero, monitor de ajedrez, mecánico, documentalista, mozo de almacén, cuentacuentos... su recorrido laboral es breve pero intenso. Escribe poesía y narrativa breve, aunque también artículos sociales o de actualidad. Inconformista por naturaleza y buscador incansable de la verdad.

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